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Los 1.000 primeros días: un abanico de oportunidades 

¿Qué es lo más valioso que tienen los niños y las niñas?

Su cerebro. Sin embargo, no nos preocupamos por el cerebro de los niños y niñas tanto como por sus cuerpos. Se trata de algo que debería importarnos a todos, incluidos los dirigentes empresariales. 

Por Anthony Lake, Director Ejecutivo de UNICEF. 

Los 1.000 primeros días de vida de un niño o niña (desde su concepción hasta los tres años) abren un amplio abanico de oportunidades. Durante este periodo, el cerebro puede crear hasta mil conexiones neuronales por segundo (un ritmo que nunca se vuelve a alcanzar el resto de la vida); conexiones que, a su vez, conforman el pilar fundamental del futuro de los niños y las niñas.  

La ciencia es clara en lo que respecta a lo que necesita el cerebro infantil para crear esas conexiones: 

  • Estimulación lo más pronto posible: Los niños y las niñas que tienen a alguien que les lea cuentos, les hable, les cante o juegue con ellos no sólo les hace sentirse felices, si no que, además, les permite desarrollar sus capacidades cognitivas, así como mayores posibilidades de vivir una vida más plena y productiva. 
  • Un estudio del año 2014 en Jamaica revela el beneficio económico de la inversión en la primera infancia. Los niños pequeños de familias desfavorecidas que recibían la estimulación adecuada a través de un programa de visita a hogares obtenían, como adultos, ganancias que superaban en un 25% de media a las de quienes no recibieron la intervención en la primera infancia. A pesar de la evidencia a favor de los programas en la primera infancia, se estima que los gobiernos de todo el mundo gastan menos del 2% de los presupuestos de educación en programas de aprendizaje en esta importante etapa. 
  • Nutrición: en los primeros años de vida, el cerebro de los niños y las niñas consume entre un 50% y un 75% del total de la energía que absorbe de alimentos y de una buena nutrición. Cuando un niño o niña no recibe la nutrición que necesita, se expone al peligro de retrasar su desarrollo físico y cognitivo. Aun así, en todo el mundo existen al menos 150 millones de niños y niñas que padecen retraso en el crecimiento, y millones más están en peligro de padecerlo debido a una nutrición insuficiente. 
  • Protección: la violencia, los abusos, el abandono y las experiencias traumáticas producen altos niveles de cortisol, una hormona que desencadena respuestas de huida o de enfrentamiento ante un peligro. Cuando los niveles de cortisol permanecen altos durante demasiado tiempo, producen un fenómeno llamado estrés tóxico, el cual tiene consecuencias como limitar la conectividad cerebral de los niños y las niñas. A pesar de ello, millones y millones de niños y niñas son testigos del terror de conflictos violentos y otras emergencias. Un número incontable de ellos y ellas también son víctimas de la violencia y el abuso en su propio hogar. 
  • Exposición a la contaminación del aire: esto puede derribar barreras críticas del cerebro de un niño o niña, y ocasionar la pérdida y el daño del tejido neuronal. Alrededor de 30 millones de niños y niñas de todo el mundo viven en zonas donde el aire es tóxico y sobrepasa los límites internacionales en, al menos, seis veces. 

La estimulación, la nutrición y la protección contra la violencia y la contaminación determinan el futuro de los niños y niñas, e influyen en el futuro de los países, las economías y, en definitiva, el mundo que compartimos.

Pese a todo, se estima que unos 250 millones de niños y niñas menores de cinco años de países de mediano y bajo ingreso se encuentran en peligro de un desarrollo insuficiente debido a la extrema pobreza y el retraso en el crecimiento. 

¿Qué hay de aquellos niños a los que no se conceden esas ventajas fundamentales durante los primeros días de vida? ¿Y qué hay de sus sociedades?

Cuando los niños pierden esta oportunidad única, nosotros, como comunidad internacional, estamos perpetuando los ciclos intergeneracionales de desventaja y desigualdad. Vida tras vida, oportunidad perdida tras oportunidad perdida, estamos acrecentando la brecha existente entre los que tienen y los que no. 

Esas pérdidas tienen un precio muy alto para todos nosotros. Un precio que se mide en aprendizaje precario, salarios más bajos, más desempleo, mayor dependencia de asistencia pública y ciclos intergeneracionales de pobreza que ahogan el progreso social y económico de todos. 

Debemos trabajar todos juntos –los gobiernos, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado– para encontrar formas de invertir en programas que se dediquen a los 1.000 primeros días de vida de un niño o niña y se centren en la nutrición, la estimulación, el aprendizaje temprano y la protección contra la violencia. 

 La primavera del 2016, UNICEF, el Banco Mundial y otros aliados publicaron un nuevo acuerdo para ampliar las medidas destinadas a atender a los niños y niñas más desfavorecidos. La Red de Acción para el Desarrollo de la Primera Infancia se construyó con la intención de generar voluntad política, inversiones y demanda local para el desarrollo de la primera infancia. La intención de la Red es apoyar a países para que inviertan en nutrición, estimulación temprana, aprendizaje y protección, además de involucrarse con comunidades para fomentar que haya servicios de calidad para la primera infancia.  

Esta es una excelente oportunidad para que las empresas internacionales colaboren con gobiernos, ONG, académicos, científicos, madres, padres y cuidadores para dedicar a esta cuestión la importancia, el compromiso y, especialmente, las inversiones que merece. 

Además, se trata de una oportunidad para que las empresas decidan cómo contribuir con los programas del desarrollo de la primera infancia en sus propias operaciones: desde las políticas que conceden a los padres más tiempo para estimular el desarrollo de sus hijos e hijas, hasta las instalaciones para el desarrollo de la primera infancia no solo en el lugar de trabajo, sino también en las comunidades en las que operan. 

No podemos fallar a los ciudadanos, consumidores, trabajadores, pensadores e innovadores de mañana porque sus capacidades dirigirán las empresas de mañana. Su productividad será el motor de las economías futuras y su capacidad para contribuir dará forma a las sociedades futuras. 

Juntos, podemos hacer algo más que simplemente prestar atención a la importancia del desarrollo de la primera infancia. Podemos comprometernos a actuar. 

Por los niños y las niñas. Por un futuro más igualitario. Por todos nosotros.  

Publicado en UNICEF Connect: https://blogs.unicef.org/es/blog/1000-primeros-dias-oportunidades/ 

 

Las opiniones, análisis y recomendaciones aquí expresadas no reflejan necesariamente las opiniones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

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