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La pobreza: ¿cómo afecta los primeros años de vida de los niños y las niñas? 

Por Casilda Suárez Hesketh, Maestra en DIT y consultora de UNICEF

Más del 95% del desarrollo del cerebro ocurre en los primeros seis años de vida, comenzando desde la etapa prenatal

Eso no significa que no seguimos aprendiendo en etapas posteriores, ya que cerebro va cambiando a lo largo de nuestras vidas, pero lo que sí significa es que las experiencias que tenemos en los primeros años, afectarán nuestras respuestas durante toda nuestra trayectoria de vida. Por lo tanto, esta primera etapa de vida es una ventana de oportunidad, en la cual somos particularmente susceptibles a la estimulación y al aprendizaje, pero también es cuando somos más vulnerables ante situaciones de pobreza, estrés y/o violencia. Si hay una etapa donde podemos alterar la trayectoria de desarrollo de los niños y las niñas por medio de programas o intervenciones, es en estos primeros años.

Cincuenta años de investigación han mostrado que los niños y niñas cuyos cuidadores primarios tienen ingresos y un nivel educativo bajo, suelen llegar a la escuela con desventajas: su desarrollo, especialmente en el área de lenguaje, el cual es más bajo que aquellos niños y niñas que vienen de familias con mayor ingreso y nivel educativo.

La pobreza suele asociarse con impactos negativos a nivel cerebral. Investigadores muestran una relación directa entre el ingreso familiar y la estructura del cerebro desde la infancia, donde niños y niñas que crecen en familias de bajos ingresos tienen un volumen cerebral menor que aquellos niños que no crecen en un entorno de pobreza.

A pesar de toda la investigación al respecto, todavía no tenemos claras todas las razones de porqué existe una brecha tan significativa entre niños y niñas cuyas familias viven en situación de pobreza a aquellos que no, aunque hay varias investigaciones que dan algunas explicaciones al fenómeno. Las primeras investigaciones en el desarrollo infantil señalaban que aquellos niños y niñas que crecen en situación de pobreza suelen tener menos oportunidades de estimulación temprana.

Ya sabemos que es un tema multifactorial: los niños y las niñas que crecen en situación de pobreza se enfrentan a múltiples obstáculos: el estrés crónico y el caos en el hogar, la menor posibilidad de tener una alimentación nutritiva una temprana edad, la exposición a agentes tóxicos en el medio ambiente y la exposición prolongada a la violencia. Esta oleada de estresores genera reacciones hormonales que son tóxicas para el desarrollo del cerebro, llevando a una alteración en la actividad neuronal con consecuencias negativas para la cognición, las emociones y la conducta.

La situación de los cuidadores primarios en el contexto de pobreza no ayuda, ya que ellos también tienen que lidiar con condiciones estresantes como falta de oportunidad económica, bajo nivel educativo, desempleo, encarcelamiento y condiciones de vivienda adversas.

Es importante estudiar cómo es que la pobreza afecta el desarrollo de niños y niñas. Sabemos por ejemplo que, aquellas familias que viven en situación de pobreza pero que tienen una situación de vivienda estable enfrentan una menor cantidad de factores de riesgo tales como el estrés asociado a la falta de recursos económicos y mayor apoyo social que aquellas familias que no tienen esta condición. Los estresores mencionados anteriormente pueden poner en riesgo el cuidado sensible y cálido de los padres o cuidadores hacia sus hijos e hijas. Se ha visto que el cuidado poco sensible genera más reacciones de estrés en los niños y niñas, provocando cambios en el desarrollo del cerebro, así perpetuando el ciclo negativo de la pobreza a las siguientes generaciones.

El hecho de conocer qué factores relacionados con la pobreza afectan el desarrollo de niños y niñas ayudarán a promover practicas que permitan contrarrestar esos efectos negativos. Por ejemplo, si aquellas familias que viven en condiciones de pobreza cuentan con practicas de crianza positivas, esto será un factor que promoverá el desarrollo socioemocional de las niñas y los niños. Contamos con estudios que demuestran que una buena crianza está asociada con efectos positivos en los hijos e hijas, por ejemplo: mejores relaciones con sus pares y menos problemas de conducta. Por lo tanto, la calidad de crianza resulta ser un factor protector clave para la salud mental de los niños y las niñas que enfrentan múltiples factores de riesgo. También se encuentra una asociación entre la calidad de la relación cuidador primario-hijo o hija y las relaciones entre pares a nivel escolar. Sin embargo, aunque la calidad de crianza es importante para el desarrollo socioemocional, tiene sus límites en casos de pobreza extrema, donde se necesitaría trabajar en fortalecer los factores protectores dentro de la familia, al igual que en la reducción de riesgos relacionados a la pobreza.

Las personas no nacemos ni crecemos con las mismas oportunidades. Sin embargo, podemos luchar por tener más oportunidades de igualdad en la vida. La etapa prenatal y durante los primeros años de vida, es la mejor oportunidad en todo el ciclo de vida para prevenir los efectos negativos de la desigualdad.

 

Las opiniones, análisis y recomendaciones aquí expresadas no reflejan necesariamente las opiniones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

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